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Regresar no es una opción: el testimonio de los migrantes en la frontera de Estados Unidos y México

Regresar no es una opción: el testimonio de los migrantes en la frontera de Estados Unidos y México
Oleada de migrantes en la frontera entre Texas y México 6:05

(CNN) –– Una madre que huye de su país natal con dos de sus hijos después de que a uno de ellos lo secuestraran. Una mujer que tuvo que desnudarse ante unos ladrones que no le creyeron cuando les dijo que no tenía más dinero. Una activista a la que el gobierno represivo de su país dejó sin empleo como represalia por hablar en contra del régimen. Estas son algunas de las historias que CNN escuchó afuera de un refugio para migrantes en Eagle Pass, Texas, donde decenas de ellos acaban de llegar luego de que las autoridades de inmigración de EE.UU. los dejaran en libertad condicional.

Silvia del Carmen Flores, de 38 años, estaba sentada en la acera con su hijo Nikson, de 3 años, sobre su regazo mientras su hija de 16 años, Yolani Maricela Flores, permanecía sentada en una roca, no muy lejos de ellos. El niño comía una galleta que alguien les había regalado. Yolani Maricela estaba terminando una manzana pequeña. Los tres parecían exhaustos, incluso aturdidos.

CNN se topó con esta familia de tres en Nochebuena, afuera del refugio que no tiene más espacio para los recién llegados. Las autoridades de inmigración los dejaron en libertad condicional tras solicitar asilo. La familia esperaba que los llevaran a San Antonio, donde les habían dicho que podrían quedarse en un refugio más grande.

Su viaje desde Honduras, su país natal, comenzó el 12 de diciembre. Luego de viajar por tierra en autobuses y taxis por Guatemala y México, llegaron a la ciudad mexicana de Monterrey. Con el último dinero que tenían, relató Flores, tomaron un vuelo a Piedras Negras, al otro lado de la frontera desde Eagle Pass, Texas, donde cruzaron la frontera por el río Grande en un punto donde el agua les llegaba a la cintura.

Flores dice que llevaba un buen tiempo pensando en salir de Honduras. La situación económica de la familia era asfixiante. Y luego, hace dos meses, secuestraron a su hija Yolani y Flores tuvo que pagar dinero para recuperarla. Después de eso, sintió que no tenía otra opción que irse, dijo.

“A mi hija la secuestraron”, dijo. Yolani comentó que no está segura sobre el futuro de la familia, pero una cosa está clara para esta estudiante de noveno grado que tuvo que dejar su escuela para migrar a Estados Unidos. “No quiero volver a Honduras. Hay demasiada corrupción, criminalidad y cosas así”, dijo en español Yolani Maricela Flores.

La familia se encuentra entre las decenas de miles de migrantes que han llegado en las últimas semanas a Eagle Pass, Texas, para solicitar asilo por diversas razones. Este nuevo aumento en los cruces fronterizos de migrantes ha puesto más presión a varias agencias estadounidenses ya sobrecargadas. Las autoridades federales reportaron un promedio de siete días de más de 9.600 encuentros de migrantes a lo largo de la frontera sur de Estados Unidos en diciembre, señaló la semana pasada un funcionario de Seguridad Nacional. Esa cifra se encuentra entre las cantidades de mifrantes más altas jamás registradas. El promedio de siete días reportado el 28 de noviembre fue de alrededor de 6.800 encuentros.

Marcelly Giraldo, de 33 años, era trabajadora doméstica en Medellín, Colombia. Explica que la falta de oportunidades en su propio país la impulsó a buscar una vida mejor en Estados Unidos. Su principal motivación, comparte, es una hija que tuvo que dejar con una hermana, una niña que espera traer a Estados Unidos una vez que se apruebe su solicitud de asilo. Giraldo relata que caminó cuatro días en la selva panameña conocida como el tapón del Darién, donde vio cadáveres. En Guatemala, contó, los ladrones la obligaron a desnudarse. “Me obligaron a desnudarme dentro del autobús. Estaban pidiendo dinero. A veces creen que la gente esconde dinero debajo de la ropa”, dijo Giraldo.

Un agente de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos habla con migrantes que esperan ser procesados después de cruzar de México a Estados Unidos el 17 de diciembre en Eagle Pass, Texas. (Crédito: John Moore/Getty Images)

Por más convincentes que puedan ser sus historias, los migrantes deben presentar pruebas ante un juez de inmigración, especialmente documentos legítimos que demuestren razones creíbles por las que pueden ser elegibles para asilo. De no hacerlo, probablemente serán deportados.

Muchos de los migrantes que hablaron con CNN parecían creer que había algún tipo de disposición en la ley de inmigración de Estados Unidos que facilitaba temporalmente la obtención de un estatus legal.

Marcelly Giraldo, de 33 años, es una trabajadora doméstica que dejó Medellín, Colombia, para buscar una vida mejor en Estados Unidos. (Foto: CNN).

“Cuando escuché que les estaban dando [a los migrantes] el beneficio de poder ingresar al país, decidí hacer el viaje. De lo contrario, nunca lo habría hecho. Nunca me hubiera arriesgado”, señaló Giraldo.

En un comunicado emitido la semana pasada, Troy Miller, alto funcionario que desempeña las funciones de comisionado de Aduanas y Protección Fronteriza, dijo que muchos migranets “a menudo son engañados y victimizados por las organizaciones criminales transnacionales. Estos traficantes están poniendo imprudentemente a los migrantes en peligro: en lugares remotos al otro lado de la frontera, en los techos de los trenes o en el agua del Río Grande”.

Milaidis Duarte Felipe, de 30 años y enfermera cubana, dice que salió de su país natal el 27 de octubre en un vuelo a República Dominicana con conexión a Managua, Nicaragua. Desde allí, ella y su hermana, que iban con una hija pequeña, viajaron en taxi hasta la frontera con Honduras y luego en autobús por Guatemala antes de cruzar el río Suchiate en una balsa. El Suchiate sirve como frontera entre México y Guatemala.

“En el camino a Estados Unidos nos secuestraron. Los secuestradores pedían dinero y nuestra familia pagó la cantidad que pedían. Después de llegar a la Ciudad de México, estábamos en un autobús cuando nos asaltaron. Nos quitaron los teléfonos, pero no nos pudieron quitar los papeles porque los escondimos muy bien”, dijo Duarte Felipe.

La inmigrante cubana Milaidis Duarte Felipe le dijo a CNN que tuvo que dejar atrás a su hijo cuando huyó de la persecución política. (Foto: CNN).

Esta madre de un niño de 7 años que dejó en Cuba dice que fue víctima de persecución política en su país por hablar abiertamente contra el régimen. Ella dice que el Gobierno la atacó para dejarla sin empleo. Duarte Felipe dice que planea traer a su hijo a Estados Unidos tan pronto como le concedan asilo. “Él es mi único hijo”, señala con lágrimas en los ojos.

Por ahora, señala que estar en Estados Unidos ha sido un gran regalo de Navidad, especialmente porque llegó al país en Nochebuena y fue recogida en Eagle Pass por familiares que viven en Houston. “Voy a pasar [Navidad] con mi familia. Voy a vivir en un país libre. Dónde al menos… no lo sé. Viviré en un país libre donde se respeten los derechos de los ciudadanos, a diferencia de donde solía vivir”, dijo.

A unos pasos de Duarte Felipe, María del Carmen Flores, la madre hondureña del niño de 3 años y de la joven de 16, intenta ahora consolar a su hijo que llora. El niño se queda dormido después de ser amamantado mientras su madre se pregunta cuándo podrá volver a alimentar a sus hijos o cuándo podrá acostarlos con un techo sobre sus cabezas.

Maxime Tamsett y Raja Razek contribuyeron a este informe.

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