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Opinión | Las medias tintas no funcionarán. Lo que Gaza necesita es un Plan Marshall

Opinión | Las medias tintas no funcionarán. Lo que Gaza necesita es un Plan Marshall
Tragedia en Gaza: Morir en la búsqueda de comida 2:24

Nota del editor: El Dr. Zaher Sahloul, especialista en cuidados pulmonares y críticos, es presidente de MedGlobal, una ONG que proporciona ayuda médica a zonas catastróficas, incluida Gaza. Las opiniones expresadas en esta columnas pertenecen únicamente al autor. Para leer más columnas de opinión visita CNNEE.com/Opinión.

(CNN) — Imagina tener que elegir entre morir de hambre o ahogado. Esa es la indecible y desesperada elección a la que se han enfrentado algunos habitantes de Gaza en su lucha diaria por sobrevivir.

La mayoría de nosotros no elegiría ni por un día vivir la pesadilla que los gazatíes llevan viviendo desde hace meses, con una atención médica rudimentaria, si es que tienen suerte de tener alguna, mientras se propagan las enfermedades infecciosas y luchan por sobrevivir entre los escombros de los edificios bombardeados o en asentamientos al aire libre con tiendas de campaña y lonas como único refugio.

Ante la inminente hambruna, la población de Gaza se ve obligada a luchar desesperadamente por conseguir la escasa ayuda alimentaria que llega, o a arriesgar la vida intentando recoger las comidas preparadas que Estados Unidos y otros países han lanzado desde el aire.

Estos envíos de alimentos estaban supuestamente destinados a aliviar el sufrimiento de los habitantes de Gaza. Por desgracia, siguen siendo lamentablemente insuficientes para satisfacer las necesidades de los gazatíes. En un trágico caso, varias personas murieron cuando un palé con ayuda alimentaria cayó en picado desde el cielo y les cayó encima.

La semana pasada, las noticias relacionadas con estos lanzamientos de alimentos fueron aún más impactantes, cuando se informó que al menos una decena de palestinos perecieron frente a la costa norte de Gaza mientras intentaban alcanzar los paquetes lanzados desde el aire que habían caído en el mar.

Palestinos desplazados transportan sus pertenencias por una calle de Khan Younis, en el sur de Gaza, el 6 de marzo de 2024, en medio del actual conflicto entre Israel y el movimiento Hamas. (Crédito: AFP/Getty Images)

He estado en muchas zonas de guerra en la labor de socorro que he llevado a cabo a lo largo de los años con la organización humanitaria que cofundé, proporcionando respuesta de emergencia y programas de salud a comunidades vulnerables de todo el mundo. Pero en términos de la magnitud de la miseria de la que he sido testigo, no ha habido nada comparable a Gaza.

Durante mi misión de dos semanas a Gaza en enero, las condiciones de vida ya eran horribles y en las semanas siguientes han empeorado mucho. Me ha horrorizado el sufrimiento del que he sido testigo y, al igual que otros médicos y funcionarios de ayuda que han estado sobre el terreno allí, siento una sensación de desesperación por conseguir que la administración Biden haga todo lo que esté en su mano para ponerle fin.

Con ese fin, he pasado buena parte de este mes en Washington y Nueva York, reuniéndome con legisladores del Congreso, miembros de la administración estadounidense y funcionarios de la ONU, presionándolos para que hagan lo posible por conseguir un alto el fuego humanitario que permita liberar a los rehenes israelíes y que los habitantes de Gaza reciban los alimentos y las provisiones médicas que necesitan. No puedo exagerar la urgencia de que el Gobierno de Biden negocie un alto el fuego.

Pero a medida que empeora la situación en Gaza, me he ido convenciendo de que un alto el fuego por sí solo no bastará para hacer frente a los profundos problemas creados por meses de traumas, bombardeos y privaciones. Es imperativo que la administración Biden y el Congreso aprueben un paquete de ayuda sustancial para los palestinos.

Mueren ahogados mientras buscan paquetes con comida en Gaza 2:24

La situación en Gaza requiere un enfoque sólido y global similar al histórico Plan Marshall que ayudó a reconstruir una Europa devastada tras la Segunda Guerra Mundial. Pero a diferencia del Plan Marshall, que dependía casi por completo de los conocimientos y recursos estadounidenses, este esfuerzo por evitar la crisis humanitaria y reconstruir Gaza debería contar con los socios internacionales de Estados Unidos. La reconstrucción del territorio exigirá una coordinación exhaustiva por parte de Estados Unidos, la ONU, las ONG internacionales y los países de apoyo, e implicará la rehabilitación y reconstrucción de las instalaciones sanitarias.

El Gobierno de Biden ya parece ser consciente de que los extraordinarios retos que se plantean en Gaza requerirán un esfuerzo hercúleo y multilateral en el que participen naciones de todo el mundo. Como dijo recientemente la administradora de USAID, Samantha Power, en una declaración sobre la crisis humanitaria en Gaza: «Debe haber un esfuerzo internacional continuado y sostenido para garantizar que el tipo adecuado de ayuda llega a los más vulnerables».

Los hospitales y las instalaciones médicas, además de las viviendas, es donde debe comenzar gran parte de este esfuerzo de reconstrucción. Gaza cuenta con 36 hospitales, de los cuales al menos 24 han cerrado debido a los bombardeos, las evacuaciones forzosas y la escasez de suministros. La decena restante sólo funciona parcialmente.

Niños palestinos en Rafah esperan para recibir alimentos distribuidos por una cocina de caridad en medio de una grave escasez de suministros alimentarios. (Crédito: Mohammed Salem/Reuters)

Aproximadamente la mitad de los 2,2 millones de habitantes de Gaza son menores de 18 años. Estos niños han sido desplazados a la fuerza y arrancados de sus hogares, escuelas y comunidades. Sus experiencias están marcadas por profundas pérdidas, ya que han sido testigos de la muerte de sus padres, hermanos y amigos. Sin duda, la atención psicológica intensiva tendrá que formar parte de cualquier programa para abordar el sufrimiento que han padecido.

Durante mi estancia en Gaza, observé el triaje de pacientes traumatizados en el Hospital Nasser de Khan Younis. Tras uno de los muchos siniestros masivos que presenció nuestro equipo, los médicos se arrodillaron en el suelo de la sala de urgencias, que estaba a reventar. En 10 minutos ingresaron más de 30 pacientes. Varios habían muerto al llegar.

Un niño, Mohammed Abu Shahla, al que vi morir a causa de sus heridas, podría haber sobrevivido si hubiera habido algo remotamente parecido a una atención médica adecuada. Mohammed nació en 2011 y había sido testigo de varias guerras en su corta vida. Fue desplazado con su familia y se refugió en una escuela con unos cientos de familias que se había considerado segura. Estaba jugando cerca del Hospital Nasser, donde yo trabajaba, cuando un misil israelí impactó en el lugar. Mohammed sufrió daños cerebrales durante la explosión y nunca despertó.

Al día siguiente, en nuestra clínica, conocí a Lama, una niña de cinco años de Khan Younis que había sido desplazada con su familia a Rafah. Vive en un almacén con otras 16 personas desplazadas, y es relativamente afortunada de tener un refugio, ya que muchas familias están en la calle o viven en tiendas rudimentarias. Llegó a la clínica con diarrea sanguinolenta. De hecho, muchos niños de Gaza tienen diarrea debido a la falta de agua potable y a las deficiencias del saneamiento. Si este problema persiste, existe un grave riesgo de que otros miles de niños pequeños mueran de cólera. El empeoramiento de la hambruna y la desnutrición está agravando el problema.

Esta imagen tomada desde la frontera sur de Israel conel enclave de Gaza muestra paracaídas de ayuda humanitaria cayendo sobre el territorio palestino asediado a finales de marzo de 2024. (Crédito: Jack Guez/AFP/Getty Images)

Nos incumbe a todos asegurarnos de que los niños de Gaza, como todos los niños de la Tierra, tengan derecho a un futuro mejor. Cada vez que voy a una zona de guerra, les pregunto a los niños: «¿Qué te gustaría ser de mayor?». Con esta pregunta quiero dar a entender mi esperanza —y mi oración silenciosa— de que de verdad crezcan para hacer realidad sus sueños más fervientes y quizá para tener sus propios hijos.

Una escuela que visité en Rafah había sido reutilizada como centro de desplazados, y estaba desbordada por la afluencia de niños que sufrían afecciones cutáneas derivadas de la falta de higiene, así como frecuentes brotes de diarrea y hepatitis. Allí, en un aula abarrotada, conocí a un niño de 12 años llamado Abdallah.

Cuando le pregunté por sus aspiraciones para el futuro, el chico murmuró: «¿Qué futuro?». El alcance del trauma tácito era evidente en su rostro y se reflejaba en sus palabras. ¿Cuánto tiempo se tardará en curar las heridas ocultas de los que tuvieron la suerte de sobrevivir?

Aún así, hay esperanza. La mayoría de los niños que conocí me dijeron, de hecho, que esperaban ejercer la medicina cuando fueran mayores. Tal vez esa elección profesional no sea del todo sorprendente, dada la magnitud de las graves lesiones corporales que muchos habrán visto, y su comprensión de que no hay recursos médicos adecuados para hacerles frente.

Pero hay otra posible razón por la que, en medio del caos y el sufrimiento, tantos niños de Gaza se atreven a soñar con el futuro: el territorio cuenta con algunas de las tasas de educación más altas de la región, con una tasa de alfabetización antes del comienzo de la guerra del 97,7%, según estadísticas de la ONU. Muchos de estos niños habrían seguido caminos que les habrían llevado a profesiones en medicina y otros campos, probablemente al servicio de su comunidad.

Es posible que los niños de Gaza aún puedan alimentar esos sueños. Pero la comunidad internacional tendrá que construir viviendas, empresas, hospitales y otras instalaciones que necesitan desesperadamente antes de que los gazatíes puedan reconstruir sus vidas.

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