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La Generación Z no cree en la vida saludable de los millennial

La Generación Z no cree en la vida saludable de los millennial

“Yo también estoy aburrido del bienestar. El concepto me parece ridículo y demasiado mandón: sigo fumando y disfruto enormemente de hacerlo”. Esas fueron las palabras de David Hockney, que en el lanzamiento de una de sus exposiciones se aseguró de que su cigarrillo hiciera saltar la alarma de incendios. Pero, ¿qué demonios ha pasado, si hasta hace poco era imposible ver a una celebridad fumar porque los cigarros eran eliminados mediante la magia de la edición digital e incluso se aseguraban de pedirles a los paparazzi que no les inmortalizaran fumando? Como comenta a ‘New York Times’ Michael Seilback, vicepresidente de American Lung Association, lo que preguntan los investigadores es si realmente ahora hay más fumadores, si cada vez hay fumadores más asiduos o si en realidad, cuando dejamos de salir a causa de la pandemia, borramos el recuerdo de esos recurrentes fumadores parados ante los bares que siempre forman parte de la escena nocturna. Tampoco podemos negar que el florecer de los productos de CBD y de los locales de cigarrillos electrónicos se ha calmado, por lo que ese bienestar mercantilizado parece estar cada vez más olvidado.

Posavasos de Mr Bingo

Posavasos de Mr Bingo

No sólo hemos dejado de mimar a nuestros pulmones, sino que hemos hecho que el universo gastro sea menos ‘clean’. Por eso ya no vemos esas aburridísimas fotos de platos de kale deambular por las redes, sino que ahora triunfan las smash burgers y los platos que son un canto al disfrute, no al control de la báscula. Incluso la moda prefiere ahora aliarse con marcas de comida que forman parte de la cultura pop, pero no de la despensa de Gwyneth Paltrow, como es el caso de Anya Hindmarch, que acaba de lanzar una colaboración con Pringles, o de la presentación de la colección crucero de Chanel, cuyos asistentes disfrutaron de porciones de pizza, hamburguesas y cócteles procedentes de food trucks. Lo sentimos por los zumitos verdes, pero el gocheo ha regresado.

Buena Vista Images//Getty Images

¿Nos hemos cansado del bienestar?

“Los más ambiciosos buscan controlar a quienes les rodean, a sus empleados y a sus subordinados, en general. Pero se espera que incluso el más modesto y humilde de nosotros quiera controlar lo que hay dentro del perímetro de nuestra propia piel. Buscamos ávidamente controlar nuestro peso y nuestra silueta mediante la dieta y el ejercicio. Si todo lo demás falla, incluso recurrimos a la intervención quirúrgica. Toda la penumbra de pensamientos y emociones que se origina en nuestro cuerpo físico también exige atención y manipulación. Desde la infancia nos dicen que controlemos nuestras emociones y se nos ofrecen docenas de algoritmos para hacerlo a medida que crecemos, desde la meditación hasta la psicoterapia. A edades más avanzadas, se nos insta a preservar nuestro intelecto jugando juegos mentalmente desafiantes como Lumosity y Sudoku”, escribe en ‘Natural Causes: Life, Death and the Illusion of Control’ Barbara Ehrenreich.

«El cuerpo no es una máquina en la que cada parte funciona en aras del bien común»

“No hay nada en nosotros que no esté potencialmente sujeto a nuestro control. La insistencia en controlar es tan generalizada que creemos que podemos buscar legítimamente dosis homeopáticas de su opuesto: una aventura con un extraño, una noche de borrachera en la ciudad, una celebración desenfrenada del equipo local… Los más ricos y poderosos pueden probar un coqueteo con lo que está fuera del control mediante unas «vacaciones de aventura» que tengan lugar en un entorno exótico y con actividades peligrosas, como escalar montañas o paracaidismo”, asegura. La autora se esfuerza en aclarar que aunque el cuerpo no es una máquina en la que cada parte realiza obedientemente sus tareas en beneficio del bien común, y quizás esa sea la idea que ha hecho precisamente que muchos hayan dejado atrás la obsesión por el bienestar.

«Dejar ir y relajarse es un acto radical de auto cuidado»

A través de sus palabras comprobamos que en realidad, la búsqueda del bienestar no es otra cosa que la búsqueda del control, y parece que en momentos especialmente turbulentos y quebradizos, dejar ir y relajarse es un acto radical de auto cuidado. Sí: el auto cuidado más rebelde es precisamente no contar calorías, disfrutar de un bottomless brunch en lugar de beber un agua con gas y comprender que lo único que podemos controlar es lo que decidimos en cada momento… No sus consecuencias, claro.

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Nos hemos aburrido de las fotografías de Instagram que glorifican la granola y preferimos cualquier vídeo en el que la nocilla o el pistacho se convierta en un riachuelo de placer. Contra la era del ‘girlboss’ que Sophie Amoruso impuso en 2014 y que hizo de la ‘hustle culture’ y del sobre trabajo las máximas, ahora emerge la ‘snail girl’ (mujer caracol), que promulga detenerse, tomarse tiempo para hacer las cosas y dejar de apostar por esa frenética e inalcanzable perfección.

«Vivimos anhelando un futuro que creemos que nos dará la felicidad»

Un estudio de Bumble señala que el 44% de los encuestados aseguraron sentirse presionados para mejorar constantemente y superarse a sí mismos influenciados por las redes sociales, los podcasts de autoayuda y las opiniones de familiares y amigos. “Que las personas solteras en España se sientan presionadas a ser mejores, a salir de su zona de confort, etc., no es nada raro cuando estamos rodeados de mensajes sobre hacer un millón de cosas cada día, a ser emprendedores o a retirarnos en Bali siendo ricos viendo atardeceres. Entre esto y el FOMO que provocan las redes, vivimos anhelando un futuro que creemos que nos dará la felicidad y que quizá no está nada conectado con nuestra identidad, lo que nos lleva a sentir constantemente que no somos suficientes», explica Alicia Gonzalez, psicóloga experta en relaciones y colaboradora en Bumble.

«Lo positivo de todo esto, es que, a menudo, ese reflejo que nos dice que no somos adecuados, lleva a enfadarnos y a revelarnos. Terminamos, como ha detectado Bumble, queriendo ser simplemente “yo” mientras trabajamos la auto aceptación para ser buenas personas con una vida acorde con nuestras necesidades genuinas”.

Este año el objetivo no es ya esa idea tan peligrosa como ambigua de “alcanzar tu mejor versión”, sino pasarlo lo mejor posible y disfrutar por encima de todas las cosas. Quizás tras tanto tiempo obsesionadas con el control y la perfección, esta actitud sea la que de verdad nos ayude a alcanzar lo que en el fondo buscamos… Que al final, no es otra cosa que ser un poquito más felices.

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