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El gasto en salud animal de la economía uruguaya

El gasto en salud animal de la economía uruguaya

El desarrollo del sector agroindustrial nacional depende del mantenimiento de ventajas comparativas frente a sus competidores internacionales y del aumento de la eficiencia en todo el complejo. Los consumidores exigen, y pagan más, por aquellos productos con atributos de calidad, de procedencia conocida, inocuidad asegurada y beneficios para la salud humana.

Por ello, en países productores de alimentos, como Uruguay, se requiere el diseño e implementación de programas sanitarios animales pertinentes y mayor eficiencia en los recursos asignados. Sin embargo, existen dificultades en materia de información que limitan el avance. En este marco, el Comité de Coordinación en Investigación en Salud Animal (CCISA)1 encargó a un equipo consultor un informe para estimar cuánto se gasta anualmente en salud animal.2 En el trabajo, concretamente, se estima el gasto agregado en salud animal realizado en Uruguay por los diferentes agentes de la economía.

De esta manera, se busca arrojar luz sobre una dimensión poco jerarquizada, de la que se contaba con información parcial o fragmentada en momentos puntuales. Mayor es la disponibilidad de información que se encuentra en aspectos productivos y/o nutricionales de la producción animal. En efecto, es poco frecuente encontrar el énfasis en temas sanitarios en los registros institucionales de los diferentes actores involucrados.

Precisamente, uno de los principales desafíos de la consultoría fue la poca disponibilidad de información acerca del gasto relacionado con la salud animal, tanto en la órbita pública como privada. Por tanto, las estimaciones realizadas presentan diferentes grados de precisión dependiendo de la cadena productiva involucrada. En este sentido, el principal aporte de la investigación consiste en determinar el gasto que se realiza en actividades vinculadas con la salud animal. Estas incluyen los esfuerzos de prevención, tratamiento, control y erradicación de enfermedades, efectuados tanto por el sector público como por el privado.

Metodológicamente se recolectaron datos de diferentes fuentes y formatos para construir un puzle del que nunca se tuvo todas las piezas. Para completar la imagen, se establecieron supuestos que permitieran integrar, extrapolar o proyectar la información disponible para completar las series de datos, manteniendo la consistencia macroeconómica.

La información recolectada se organiza en dos dimensiones. En primer lugar, de acuerdo al agente institucional que realiza el gasto, es decir, si corresponde a la órbita pública o privada. En segundo término, se discrimina la información en función de la cadena de producción animal donde se aplica el gasto correspondiente. Para el estudio se consideraron las actividades de bovinos de carne, bovinos de leche, ovinos, cerdos, equinos, aves, apicultura y de animales de compañía.

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Si bien el estudio considera al detalle todas las cadenas de crianza animal, en esta nota pondremos foco en aquellas que representan la proporción más relevante del gasto agregado. En concreto, la actividad relacionada con bovinos, ovinos y animales de compañía explica el 94% del gasto total, tanto en el sector público como en el privado.

El gasto total en salud animal ascendió, en el período 2011-2021, a un promedio de 224 millones de dólares anuales. Esto equivale aproximadamente al 7,3% del PIB pecuario.3 La cadena de bovinos es el principal actor y representa el 58% del gasto total, que se distribuye entre un 42% en el caso de los bovinos de carne y un 16% en actividades vinculadas a la lechería.

Por su parte, los gastos en ovinos representan el 5% del total, en tanto el 6% se reparte entre el resto de las cadenas de producción animal (equinos, cerdos, aves, abejas). Por su parte, el nivel del gasto en salud animal que se destina a animales de compañía asciende al 32% del total. Este es un porcentaje de algún modo sorprendente, aunque también era esperable dada la evolución que han tenido estas especies en la vida cotidiana de los uruguayos.

La actividad de ganadería bovina cuenta con una existencia del orden de los 11 y 12 millones de vacunos, manejados mayoritariamente en sistemas extensivos pastoriles a campo natural,4 que ocupa gran parte de la mano de obra rural y otro tanto de la industria. En esta actividad, el gasto se reparte entre los dos agentes institucionales: los productores afrontan gastos necesarios para la atención sanitaria de sus rodeos y el sector público contribuye de modo relevante con recursos presupuestales destinados a campañas sanitarias, vacunación antiaftosa y actividades de contralor.

Al considerar exclusivamente las cadenas productivas, de los 153 millones de dólares que en promedio se gastaron anualmente en el período 2011-2021, 66% lo realizaron los productores durante el proceso productivo y 34% correspondió a desembolsos del sector público. Es decir, por cada dólar que gasta en salud animal el sector privado, el sector público gasta 0,5.

A su vez, se puede identificar diferencias en el destino de los recursos públicos al comparar a los bovinos con el resto de las cadenas. A este respecto, mientras que la relación entre el gasto público y privado en bovinos asciende a 0,6, en el resto de las cadenas consideradas, en su conjunto, la relación se ubica en el entorno de 0,27. Esto nos dice que por cada diez dólares que gasta un productor en bovinos, el sector público gasta seis, mientas que en el resto de las cadenas por cada diez dólares de gasto privado, el sector público destina 2,7 dólares.

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Dejando de lado la producción animal, analicemos ahora la otra gran fuente de preocupación por el bienestar y la salud animal, que está relacionada con esos amigos incansables que requieren nuestro cuidado y forman parte de la familia. Como para cualquier integrante de la familia, el gasto en alimentación y salud se lleva gran parte de los recursos del hogar. Para los animales de compañía esto no es la excepción.

Si bien el trabajo no aborda el gasto en alimentación, este representa una porción no despreciable de los recursos destinados a nuestros animales. Algo similar sucede con el gasto en su cuidado sanitario, en particular cuando lo ponemos en relación con el gasto que realizan las actividades de producción animal (gráfico 1).

En Uruguay, al menos siete de cada diez hogares tienen perros, y cuatro de cada diez tienen gatos.5 De esta manera, se estima una población total de 1.800.000 perros y de 900.000 gatos.6 Esta cifra no tiene en cuenta los perros sin propietario, que serían entre 10% y 37% más, según los datos de Protección Animal Mundial.

Con relación a esto, en el estudio se consultó y comparó diferentes fuentes de información para determinar a cuánto asciende el gasto en salud animal destinado a animales de compañía en Uruguay. A este respecto, la Encuesta Nacional de Gastos e Ingresos de los Hogares del Instituto Nacional de Estadística de 2016 releva el gasto en la canasta de consumo de los hogares vinculados al cuidado sanitario de los animales de compañía. El gasto total a nivel nacional se estima en 66 millones de dólares para el total de hogares. Si se observa por rubro, cerca de 32 millones de dólares corresponden a compra de productos veterinarios, casi 18 millones de dólares refiere a gastos en consultas veterinarias y otros 17 millones se destinan a gastos de cuota mutual.

Otras fuentes consultadas también refieren a años puntuales, como por ejemplo las ventas de las Cámaras de Específicos Veterinarios (CEV), que incluyen 2016, 2019 y 2021. Esto permite contrastar la coherencia y consistencia temporal de los datos que se desprenden de la encuesta de gasto. El análisis conjunto de esta información sugiere un crecimiento sostenido del mercado del cuidado de animales de compañía, en especial en materia sanitaria.

Algunos aprendizajes del estudio

Las primeras reflexiones refieren a la problemática que se enfrentó en torno a la disponibilidad de datos e información relativa a la salud animal. Tanto en el sector público como en el privado, hay notorias limitaciones que dificultan analizar comparativamente las distintas cadenas y los actores institucionales.

El sector público destina una porción significativa de su esfuerzo financiero en salud animal a los bovinos, en especial a los bovinos de carne (86%). El principal destino del gasto son las actividades relacionadas con la fiebre aftosa, mientras se observa que alrededor del 60% del gasto se vincula con campañas oficiales que tienen su principal foco en la ganadería de carne bovina. Esta situación es claramente traccionada por los objetivos de mantenimiento de un estatus sanitario adecuado a las exigencias de los mercados de exportación.

El gasto público en salud animal, por su parte, está fuertemente determinado por el presupuesto de la Dirección General de Servicios Ganaderos del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca. Sin embargo, a la hora de identificar el destino por enfermedad o campaña sanitaria oficial, no se dispone de información discriminada que permita determinar el esfuerzo financiero que representan las diversas enfermedades que afectan la producción animal. Sobre esto, el trabajo ofrece un punto de partida y pone a disposición algunas herramientas útiles para sistematizar y monitorear los esfuerzos en esa dirección.

El gasto total, que para el período estudiado fue, en promedio, de 224 millones de dólares anuales, muestra una fuerte incidencia de la ganadería de bovinos de carne y una evolución relativamente estable en el tiempo que acompaña a grandes rasgos la evolución de las existencias animales en las diferentes cadenas productivas. Destaca, asimismo, la emergencia constatada que está teniendo el gasto sanitario en pequeños animales.

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