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El factor monetario para la postura fiscal

El factor monetario para la postura fiscal

Las últimas dos semanas he ensayado en este espacio ideas que para mí son centrales en torno a la discusión sobre la interacción entre las políticas fiscal y monetaria. Existen factores en ambos lados que inciden de forma explícita e implícita sobre el espacio disponible para sus contrapartes, de tal forma que, al mismo tiempo que sus decisiones se ven afectadas por la política que sigue cada contraparte, las propias decisiones que toma cada autoridad inciden sobre las alternativas disponibles para la otra. En esta ocasión es importante analizar la forma en que las decisiones de política monetaria moldean el espacio de la política fiscal para tomar ciertas decisiones.

El momento es crucial para nuestro país porque ayer dio inicio el año fiscal para 2025 con la entrega de los precriterios generales de política económica que hizo el gobierno federal al Congreso de la Unión a través de la Secretaría de Hacienda. El plazo que señala la ley es el 1 de abril del año previo al que se desea presupuestar y el documento debe incluir, entre otras cosas, un planteamiento sobre la postura fiscal que recomienda la Secretaría de Hacienda en función de las condiciones macroeconómicas que dan forma al espacio disponible para tomar decisiones sobre las fuentes de ingreso, los destinos del gasto y el endeudamiento que se requiere para conseguirlo.

Una lección clave sobre la postura fiscal de México es su enorme dependencia de la volatilidad del precio del petróleo. Si tuviéramos que elegir una sola variable para determinar si el planteamiento fiscal de las autoridades es prudente, sin duda tendríamos que prestarle atención a un solo número: el precio promedio de la mezcla mexicana de exportación. Esto se debe a que cada variación de un dólar en el precio promedio del barril de la mezcla mexicana tiene un impacto significativo sobre los ingresos del sector público, y como consecuencia en el monto del déficit. Pero, además, dada su enorme volatilidad, esas variaciones son comunes y en magnitudes mayores a las de otras variables.

No obstante, además del precio del petróleo, también resulta relevante entender el efecto asociado al crecimiento económico, especialmente por la tasa anual de crecimiento del PIB, a la que hay que añadir la tasa de interés de corto plazo y el tipo de cambio nominal entre el peso y dólar de Estados Unidos. En los 3 casos se vuelve crucial la postura que adopta el Banco Central, de manera explícita por el nivel de la tasa de interés de los instrumentos de deuda de corto plazo, y de forma implícita en la cotización del tipo de cambio, así como en el efecto que puede tener sobre el crecimiento, aunque ese canal es relativamente más débil.

La tasa de interés objetivo de corto plazo que determina el Banco de México ancla el rendimiento asociado a los bonos que emite el gobierno federal en el corto plazo para financiar parte de su gasto, ya que justamente por ser instrumentos de corto plazo se renuevan continuamente. De tal forma que, si el Banco Central modifica esta tasa, digamos para elevarla, incrementa el rendimiento que debe pagar el gobierno federal cuando renueva sus bonos de corto plazo y presiona al alza el gasto en el pago de intereses que debe hacer a las personas que ahorran en esos bonos. Ese gasto se conoce como el costo financiero de la deuda, de tal forma que la postura que adopta el Banco de México tiene un efecto directo sobre la magnitud del gasto que hace la Secretaría de Hacienda, aunque no es el único. Tan solo para 2024, Hacienda espera que ese gasto sea de 1.23 billones de pesos, representando cerca del 14.2% del gasto público federal de todo del año.

Otra variable de interés para el marco fiscal es el tipo de cambio, que actúa a través de dos vías sobre el tamaño del déficit presupuestario. La primera, a través de los ingresos, ya que la venta de petróleo en el exterior se hace en dólares, por lo que una apreciación del peso frente al dólar reduce el monto que la federación recibe por venta del petróleo en pesos. En contraste, dicho fortalecimiento del peso también contribuye a reducir el monto en pesos que debe pagarse en intereses por la deuda externa. Así, cuando miramos el efecto en conjunto, domina el de los ingresos, por lo que, una apreciación del tipo de cambio, contrario a lo que podría pensarse, tiene un efecto negativo sobre el balance público, puesto que la caída en ingresos que ocasiona es mayor a la reducción en gastos.

Por lo tanto, la conducción de la política monetaria, así como sus señales prospectivas, tienen un efecto explícito sobre el monto que el gobierno anticipa gastar por el pago de intereses de su deuda. Adicionalmente, aunque no sea su objetivo, el nivel de tasa en comparación con otras economías, como Estados Unidos y otros mercados emergentes, tiene un efecto indirecto sobre el tipo de cambio, que a su vez modifica el monto de déficit que la Secretaría de Hacienda programa para el año fiscal. De este modo, al tomar decisiones sobre su tasa y anunciar el camino que seguirá en el futuro, el banco central impacta el espacio disponible para las autoridades fiscales, un mecanismo que, en un contexto de autonomía monetaria, funciona como una herramienta de disciplina que favorece un manejo ordenado de las finanzas públicas.

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