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“El calvario en el sistema de salud”

“El calvario en el sistema de salud”

Ana Lucía Celis Bahamón es una mujer cabeza de familia neivana que trabaja de manera independiente. A sus 50 años, tiene que afrontar no solo la consecución del pan de cada día para ella y sus hijos Jairo Estiven Sabogal Celis y Karen Michelle Trujillo, sino también el calvario de luchar por los tratamientos y medicamentos de Jairo Estiven, quien debido a un accidente quedó cuadripléjico. Esta es su historia.

Hernán Galindo

temadeldia@lanacion.com.co

La rutina diaria de Ana Lucía Celis Bahamón comienza temprano en el barrio Las Américas de Neiva, donde reside en casa de sus padres, quienes son adultos mayores y viven de los arriendos que les producen dos apartamentos que construyeron con mucho esfuerzo en sus tiempos de juventud y actividad productiva.

“Yo tengo 50 años, vivo en el barrio Las Américas, trabajo de forma independiente vendiendo productos de aseo y yogures, y vivo con mis dos hijos: una niña de 13 años, Karen, que estudia en la Normal Superior, y Jairo Estiven, un joven de 22 años que vive en condición de discapacidad debido a un accidente que sufrió hace tres años y quedó cuadripléjico”, contó Ana Lucía.

Ana Lucía combina la preparación y venta de yogures caseros con la venta de productos de aseo para generar recursos para el sustento diario. Continuó relatando la difícil condición que vive su hijo, quien como todo joven está comenzando a vivir y tuvo que aplazar muchos de sus sueños por realizar en la vida.

La tragedia llama a la puerta

Jairo Estiven Sabogal, como cualquier joven de su edad, había terminado recientemente sus estudios de bachillerato hacía tres años. Mientras definía su ingreso a la universidad o al Sena, donde esperaba continuar su preparación para la vida, se empleó como cobrador.

“Mi hijo trabajaba como mensajero y cobrador de un señor que vendía sábanas puerta a puerta. Le ayudaba a su patrón con los cobros. Esto fue en 2020, en plena pandemia. Un día, decidieron con un grupo de amigos ir de paseo. Recuerdo que era un lunes festivo. Como 10 amigos se fueron con las novias a bañarse en un charco por los lados de Campoalegre. Jairo Estiven se lanzó a un clavado y estaba bajito. Se lesionó la médula espinal”, relató.

En medio de la confusión y la desesperación de los amigos, lo trasladaron al hospital de Campoalegre. De allí, ante la gravedad de las lesiones, lo remitieron al hospital Universitario de Neiva, donde estuvo hospitalizado durante un mes. Tras las evaluaciones y exámenes, los neurocirujanos decidieron que no se podía hacer cirugía.

“Entonces, una vez lo dieron de alta y al saber que no iba a recuperar la movilidad, nos tocó comenzar a seguir con todos los cuidados aquí en casa”, añadió Ana Lucía.

“Al comienzo, me tocó a mí suplir todo lo que él requería. Como no puede contener esfínteres, entonces tocaba colocarle pañales. Me tocaba a mí comprarle todo lo que se requería: pañales, pañitos, en fin, todos esos insumos, gasas, guantes y demás elementos que se requieren para su tratamiento”.

Así lucía Jairo Estiven antes del accidente que lo dejó en silla de ruedas.

Otro calvario

Como muchos de los pacientes de las EPS en Colombia, una vez aceptaron la realidad del accidente que dejó a Jairo Estiven en condición de cuadriplejia, debieron iniciar otro calvario, que es el de recibir la atención de su empresa prestadora de salud.

“En el momento del accidente, la EPS que teníamos era Medimás, pero como la cerraron, nos trasladaron a Sanitas. Como mi hijo además requiere terapias físicas, ocupacionales y respiratorias, además de un cuidador las 24 horas, desde antes del traslado, ellos como que se han visto muy apretados y nos trasladaron a Sánitas sin nuestro consentimiento”, agregó.

“Llegamos a Sánitas y con Sanitas también ha sido un proceso lograr que autoricen todo lo que se requiere, todo lo que el médico ordena. Actualmente, estamos en una situación difícil porque el año pasado Sánitas terminó el convenio con la IPS Cruz Verde que era la que nos entregaba los insumos. Se empezó a atrasar con nosotros desde el mes de septiembre”.

“Como nos estaban debiendo, llegó el mes de diciembre y no nos habían entregado insumos de septiembre, octubre y noviembre. Pues también los de diciembre, a mí me llamaron de Sánitas y me propusieron generar una orden de retroactivo donde, por ejemplo, como me debían tres entregas de jabones, pusieron 12 para ponernos al día”, expresó.

“Y  así me hicieron unas entregas de una orden de un retroactivo en diciembre y así me tocaba seguir esperando, entonces, en enero reclamo lo de diciembre, en febrero reclamo lo de enero y así sucesivamente, pero ahora es con Audifarma”, explicó.

“Ahora la EPS me está exigiendo el pago de la seguridad social al día, pero como yo no tengo trabajo fijo, yo pago como independiente. A veces me salen cosas, a veces no, pero yo pago la seguridad porque aspiro poder lograr la pensión. Sin embargo, ahora la pelea es que no me entregan los represados o retroactivos si no estoy al día y yo les argumento que esos meses ya están pagos”.

Jairo Estiven debió permanecer hospitalizado por un mes.

Situación difícil

Ana Lucía manifestó que “Le recuerdo que vivo en un segundo piso en una casa de Las Américas, en la casa de mi mamá. No pago arriendo donde vivo, pero sí le pago arriendo a mi hijo porque él vivía conmigo en el segundo piso. A raíz de estarlo bajando por las escaleras para cuando teníamos controles y la EPS no autorizaba los traslados, yo llegaba y lo bajaba con otra persona por las escaleras y tengo una desviación de columna”.

Y agregó: “Entonces, mi mamá tenía arrendado un apartamento en el primer piso. Me tocó decirle que lo pidiera y yo le pago arriendo para que viva allí mi hijo. Mis papás son adultos mayores, mi papá tiene 81 años, mi mamá 74 y una tía que tiene 79, también vive con ellos. La situación es difícil, porque ninguno tiene pensión y toca entre todos ayudarnos para sobrevivir”.

“Así mismo, con lo de los insumos, viven de las reservas que consiguen a través de ayudas en la parroquia o les toca pedir prestado en la cuadra en donde vive otro señor que está postrado también. A ellos también a veces les envían o ellos también reclaman pañales para el papá de la muchacha y a veces me facilitan mientras a mí me entregan, yo les devuelvo y así sucesivamente porque ella también está por otra EPS e igual a veces se le demoran un mes en entregar. Entonces, yo les ayudo y así nos pasamos prestándonos, porque los insumos se requieren en todo momento”, narró Ana Lucía.

Facsímil de la orden para la entrega de una silla motorizada.

Una silla motorizada

Añadió que en medio de los inconvenientes, no han tenido problemas con el suministro de medicamentos. Sin embargo, en marzo del año pasado, su  hijo fue valorado por la Junta Médica de Psiquiatría y le ordenaron una silla motorizada que se maneja con el mentón, ya que no puede agarrar nada. La entrega de la silla se volvió otro suplicio.

“Estoy muy decepcionada. He colocado varias quejas por la demora en la entrega en la Supersalud desde septiembre del año pasado, pero es muy triste que uno llame y le contesten que ya se requirió y nada. Como si eso fuera poco, Ana Lucía muestra las órdenes represadas, las quejas ante la Supersalud y añade una orden de desacato del Juzgado Primero de Pequeñas Causas, pero la situación sigue igual”, argumentó.

“Estoy esperando si la EPS responde o si se pasa por alto la Supersalud. Yo digo que así como yo, debe haber muchos. Igual, tengo una orden de desacato en el Juzgado Primero de Pequeñas Causas. La coloqué el año pasado y apenas hace dos días me dieron respuesta con el fallo con una sanción a Sanitas por desacato. Sacaron ese fallo y lo mismo, o sea, una sanción para una señora Amira y otro señor que son los representantes legales”, dijo Ana Lucía.

Y continuó: “Los sancionan con un salario mínimo y yo que saco con esa sanción, sigo en las mismas. De qué sirven los entes que uno cree que van a poner en marcha a las EPS si realmente no están entregando. Como le digo, la prestadora se sale por las ramas. Ya nosotros ordenamos, autorizamos, ya tenemos y ellos envían los radicados y una cantidad de cosas y todo y uno que saca con llenarse de papeles”.

“En el caso de la silla es de alto costo porque es importada. De hecho Sánitas le pidió al juzgado que le diera 90 días para hacer la entrega, eso fue el año pasado, ya se cumplieron los  90 días y  seguimos en las mismas nunca entregaron nada,  solo me llaman de Sánitas a preguntarme que si ya me la entregaron, lo mismo con los insumos, qué me van a entregar si es que ellos no arreglan lo que tienen que arreglar y si ellos no gestionan allá internamente”.

“Muy bonitas las autorizaciones y los números allá están bien bonitos, pero a mí no me sirve unas autorizaciones cuando a mí no me han entregado, que autoricen y me entreguen, entonces, así si puedo decir que cumplieron”, concluyó.

Es la situación de una mujer cabeza de familia que se enfrenta a la vida y al sistema de salud en Colombia que como a ella le generan dificultades en lugar de facilitarle un bienestar para su familia en especial en el caso de su hijo.

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